Risoterapia y juego

13047787_255540588125087_6011142882076376818_oCuando éramos niños siempre jugábamos, era constante esa necesidad instintiva de inventar, explorar, descubrir, probar, descomponer para volver a componer, desentrañar los misterios de lo que nos rodeaba, arriesgar traspasando lo prohibido.

Con los años vamos dejando de hacerlo para cumplir con la responsabilidad de las tareas y actividades obligatorias que la escuela y la familia nos proponía para instruirnos y prepararnos profesionalmente.

Nos íbamos preparando para ser esos adultos serios y exitosos según define la sociedad basada en la productividad y el consumismo.

Pero, ¿Has pensado alguna vez por qué jugábamos?.

Te lo pregunto, porque jugar es un asunto muy serio, tanto, que sin esta capacidad, no podemos convertirnos en adultos exitosos en cuanto a la realización personal y única se refiere.

Cuando éramos niños jugábamos para aprender a vivir. En el juego se daba todo lo necesario para aprenderlo. Explorábamos, representábamos distintos roles.

12274477_177261665952980_4294595873450508584_nEl juego activa nuestra alegría, imaginación,nuestras emociones, nos permite conectar con los demás a nivel emocional y así poder vincularnos desde nuestra verdad y construir relaciones que posibiliten la amistad fresca de la juventud. Además jugar activa nuestra creatividad despertando nuestra inteligencia.

12234942_177261545952992_2468539369830984475_nHay muchas creencias en la sociedad que nos ordenan a lo largo de nuestro crecimiento el ir dejando de jugar, el alejarnos de lo que nos produce verdadero gozo , que no es nada más que aquello en lo puedo ser yo mismo con todo mi potencial. Dejamos de ser nosotros mismos por obedecer esas órdenes familiares y escolares que nos venden la seguridad económica como salvación de nuestro futuro, basada en olvidarse de lo que uno quiere y siente y obedecer al sistema productivista que nos promete la seguridad siempre que entremos en él. Seguimos el principio del deber y su famoso eslogan “tengo que”.

Pero ésto tiene un precio, y muy alto, y es la insatisfacción, la infelicidad, el aburrimiento, el adormecimiento de nuestras capacidades y talentos, las frustración, la castración de nuestros talentos, de nuestro arte, de vivir a través de lo que nos produce alegría y gozo, o llámese placer, esa palabra tan estigmatizada y prohibida, pero que todos conocemos, aunque sea por el recuerdo de ese placer experimentado en la infancia cuando jugábamos a ser nosotros mismos sin saber quienes éramos y nos descubríamos.

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Pensando solo en logros, excelencia, competitividad y productividad, vamos sacrificando la alegría, el gozo, el placer y la relación con nosotros mismos y con los demás.

Retomar el juego como herramienta educativa es fundamental si queremos que nuestros niños y jóvenes se desarrollen a través de sus talentos y capacidades, de lo que les produce placer verdadero.

Pero nosotros los adultos necesitamos recuperar el juego en nuestra vida para recuperar ese estado de conexión y alegría teníamos cuando éramos pequeños y ser ejemplo de ello para nuestros chicos y chicas, e ir configurando una sociedad enfocada en el principio de la alegría y no del deber, que fomente la creatividad y no la productividad.

A través de la Risoterapia evocamos los “estados de juego” en los que nuestra creatividad se activa, y empezamos a improvisar, nos olvidamos del ridículo liberando así a nuestro niño interior, probamos distintos roles y ensayamos nuestras habilidades sociales y descubrimos otras.

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En estado de juego nos sentimos más vitales, activos,ligeros, vemos los asuntos de nuestra vida con otra mirada, con una perspectiva más amplia y positiva, que proviene del estado de recursos al que me lleva jugar, aumentando la motivación para continuar con el día a día y que es consecuencia de sentir que se puede y se tiene la capacidad para ello.

Al jugar nos empoderamos y sentimos la fuerza necesaria para hacer los cambios que requiera nuestra vida saliendo de nuestra zona de confort y segura, para adentrarnos en la zona de exploración, búsqueda y descubrimiento, la única zona en la que se experimenta un desarrollo personal con la realización más profunda de nuestros deseos.

En un entorno socioeducativo tan seriamente productivo y competitivo donde muchas miradas han dejado de brillar y muchos corazones están cansados, necesitamos activar la alegría y el disfrute a través del juego y tomar ésto como un asunto muy serio.

Tal vez tengamos que dejar de buscar la felicidad que nos promete el éxito y cambiarla por la alegría de vivir en el día a día, que nos promete  la libertad de aprender a vivir jugando.

 

 

 

 

 

 

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